Aguafuertes Azáticas:
Han pasado 48 horas del alto el fuego terminado el operativo ''Pilar de Defensa''. Se han publicado miles de fotos y comentarios, se han alistado a ambos bandos millones de personas defendiendo y atacando con pasión, y básicamente se ha mentido mucho. Algunos con toda la intención de desinformar o hacer propaganda, otros repitiendo las mentiras hasta convertirlas en verdades. No soy periodista ni tengo intención de tomar algún partido, pero quiero compartir mis experiencias intensas, a intervalos y en distintos lugares y momentos, con la Franja de Gaza. Mis charlas con gente del lugar, anécdotas, los tiempos de los asentamientos y del ejercito que se veía obligado a protegerlos. Si tengo un deseo es de que a través de historias y situaciones humanas, dar un puente para, sino comprender, tener una lectura lúcida de este conflicto, en uno de los lugares con una realidad extrema en este planeta, en el mundo árabe en particular, y palestino en forma específica. No conocí el mundo cultural del lugar sino lo cotidiano, la calle, sus negocios y campos de refugiados, y a la vista de un joven latinoamericano aterrizado en esa realidad a través de mi servicio militar. Luego ya de reservista, todos los años pasé entre un mes y cuarenta días en algún lugar de la Franja, y esto porque al pertenecer a la brigada de paracaidistas del Comando Sur, este territorio pertenecía a su responsabilidad a nivel seguridad. Viví en varios lugares del planeta, y en muchas ciudades de Israel, pero pocas las conocí tan a fondo como la ciudad de Gaza, y esto por pasar largas días y noches en puestos observación en terrazas, interminables patrullas a pie y en vehículos, emboscadas nocturnas a la espera de alguien especifico.
Llegue por vez primera a la Franja de Gaza en mi servicio militar, con unos 19 años, en 1980. La franja de Gaza era un lugar pujante de vida, con una interacción muy especial entre palestinos e israelíes. La población local, niños incluidos, que trabajaban diariamente en Tel Aviv, se levantaban entre las 3 y las 4 de la madrugada para ser los primeros en las barreras militares, y cuando estas abrieran, salir corriendo a las 5 en dirección norte, con la primera luz en verano y con la lluvia torrencial en invierno. Ómnibus, camionetas Peugeot, taxis repletos esperaban el ritual diario de la apertura de la barrera, y en forma esporádica se paraba un taxi para revisar documentos o buscar explosivos. Era de nulos resultados ya que ellos estaban ansiosos y apurados por ir a sus trabajos, además que las cedulas del año 1967, eran papeles ilegibles con una foto descolorida que en su momento dio la gobernación militar. Algunos taxistas nos coimeaban con bolsas de té de la India para que los dejemos salir primeros. Cada tanto había un atentado, pero la mayoría de la gente tenía un buen nivel de vida si tenía trabajo, fuera lavando platos en un restaurante en Ashdod o Tel Aviv, siendo albañil o peón de una obra en construcción en todo lugar del centro de Israel. Había arrendatarios judíos (Kablán en hebreo) que se hicieron ''nuevos ricos'' cargando obreros en Gaza y llevándolos a obras en construcción, consiguiendo los oficios requeridos: instalación de cañerías, cemento, carpintería, etc. Todo lo requerido era tener una camioneta para cargar la mayor cantidad de gente posible, y hablar árabe. Este gente nacida en familias sefaraditas y socioeconómicamente pobres de países árabes, fueron una masa de gente que recibió su oportunidad de fortuna con la conquista de los territorios de Judea, Samaria y Gaza, con mano de obra más que barata y sin pagar derechos sociales como a un obrero israelí, y ellos y sus extensas familias fueron un elemento decisivo en la subida del partido Likud de derechas al poder. Esta simbiosis empleadores- lumpen proletario es básica para entender quiénes se beneficiaron de ella, pues hay contados palestinos que pasaron a ser millonarios en esta dinámica de intermediación y trueque entre palestinos e israelíes. La guerra de los 6 días trajo un flujo de emoción mesiánica y mucho dinero de las diásporas, muchos inmigrantes, y mucho crecimiento y construcción. Este punto de inflexión rompió la separación palestino-israelí que existió hasta 1967, con una relación de empleadores y obreros, de más contacto y conocimiento cotidiano, para peor y para mejor: hubo mucho del uso y el abuso, y hubo relaciones cálidas y normales. El Israel de las primeras décadas era un lugar muy rígido en su intención de ''fusión de diásporas'' y lograr una síntesis de culturas y lograr ''el nuevo israelí''. La gente llegada de países árabes recibió un trato discriminatorio por el ''establishment'' askenazí que levantó el país, como la prohibición de pasar música oriental o árabe en la radio, o de ser locutor de radio con acento árabe, indudable en los inmigrantes de esos países. De pronto tener empleados con quienes poder hablar en el idioma de la casa ( idioma con estigma negativo en la joven nación israelí) fue una alegría y un secreto placer para muchos hijos de inmigrantes de Marruecos, Yemen, Túnez, Libia o Iraq. Esta interacción dará lugar y fuerza a la caída de los eternos gobiernos laboristas ( con el catalizador de la guerra de Yom Kippur) y al nacimiento de movimientos islamistas de oposición como alternativa al corrupto ''Fataj'' y otros grupos menores pero laicos.
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